Predicciones astronómicas: Plutón-Neptuno magia blanca amor


Así como los armónicos de la edad enteros son semejantes a las revoluciones solares y los armónicos de la edad fraccionarios o continuos se parecen a los tránsitos, el equivalente astronómico de una carta de transformación de arco de los Williamsen sería una carta levantada para el momento en que dos planetas cualesquiera forman su primera conjunción exacta posterior al nacimiento.

Esto está reconocido implícitamente por aquellos astrólogos que consultan las lunaciones más cercanas al momento del nacimiento, en busca de claves suplementarias que ayuden a iluminar el carácter o la naturaleza de las actuaciones y acontecimientos ligados al protagonista de una natividad. La primera conjunción del Sol con la Luna posterior al nacimiento equivale a la transformación del arco Sol/Luna en términos de armónicos. El paralelismo, sin embargo, no puede llevarse demasiado lejos, ya que hay algunas notables diferencias, entre las que podemos destacar las siguientes:
1) Las conjunciones astronómicas son más impersonales que las armónicas, porque las primeras son compartidas por todas las personas nacidas en el plazo comprendido entre dos conjunciones consecutivas del Sol con la Luna o de cualquier otra pareja de planetas. Sin embargo, las transformaciones de arcos son diferentes en cada individuo, incluso cuando la diferencia en el tiempo de nacimiento respecto de otras personas es muy pequeña.
2) En el caso de las conjunciones astronómicas, no sólo se rastrean las inmediatamente posteriores al nacimiento, sino también las inmediatamente anteriores. De hecho, muchos astrólogos dan prioridad a las conjunciones prenatales.
3) Las transformaciones de arcos son conjunciones que se producen únicamente en el microcosmos que nace con cada individuo, siendo, por decirlo así, movimientos internos de la propia carta natal. Las conjunciones astronómicas se producen en el macrocosmos o cielo común a todos los contemporáneos.
Por estas razones, a las cartas calculadas para el momento exacto en que se produce una conjunción entre dos planetas se les atribuye un significado principalmente generacional o histórico, sobre todo si se trata de planetas lentos. Los dos planetas más lentos conocidos en la antigüedad, Saturno y Júpiter, recibían la denominación conjunta de cronocratores, porque en sus ciclos se revelaba el signo de los tiempos. Ahora conocemos otros planetas mucho más lentos que estos dos, de modo que sus ciclos combinados abarcan varias generaciones. El ciclo Plutón – Neptuno, por ejemplo se extiende por casi cinco centurias. La última vez que estos dos planetas estuvieron en conjunción fue en 1892 y no volverán a estarlo hasta el año 2385.
El estudio de estas conjunciones puede abordarse de varias maneras. Podemos, por ejemplo, calcular una carta completa para el momento exacto de la conjunción, ya sea sin domificar o bien, si nos interesa aplicarla a un lugar determinado, con el Ascendente y las casas calculados para ese lugar. La carta será interpretada en función de los significados básicos atribuidos a los dos planetas en conjunción y mantendrá su vigencia hasta la conjunción siguiente. Esto es lo que se hace cuando se calcula la carta de la luna nueva (o conjunción Sol/Luna) de cada mes, para descubrir en ella las tendencias generales de un mes determinado. Con el Sol y la Luna todo es muy sencillo, porque siempre están directos y no hay más que un punto de vista desde el cual tenga sentido calcular sus conjunciones: el geocéntrico. No hay conjunciones Sol/Luna heliocéntricas. Así que sólo tenemos que calcular una carta por ciclo. Pero con los otros planetas se nos presenta, por un lado, el problema de las retrogradaciones y, por otro, el de la doble referencia geocéntrica y heliocéntrica. En efecto, poco después de que dos planetas lentos alcanzan el punto exacto de su conjunción geocéntrica, cuando el menos lento de los dos ha rebasado ya al otro por un pequeño arco, los planetas empiezan a retroceder en el zodíaco. De nuevo el planeta menos lento es también el que retrocede más deprisa, de manera que vuelve a alcanzar al otro hacia atrás y se produce otra conjunción exacta con unas pocas semanas o meses de diferencia. Después, cuando de nuevo se han separado ambos planetas por un pequeño arco, quedando el planeta menos lento en la posición más retrasada, otra vez cambian el sentido de su movimiento y se ponen directos, dando lugar a la tercera conjunción consecutiva en pocos meses. Por otra parte, hay también durante esos meses una conjunción heliocéntrica de los mismos planetas, que no suele coincidir en el tiempo con ninguna de las geocéntricas.
Las conjunciones heliocéntricas tienen dos importantes ventajas sobre las geocéntricas. La primera es que sólo hay una por ciclo, ya que no hay retrogradaciones heliocéntricas. La segunda es que en ellas se da un alineamiento verdadero de los planetas respecto del centro en torno al cual giran (el Sol) y no una sucesión de alineamientos aparentes, como sucede cuando las medimos desde la Tierra. La definición de la duración de un ciclo de dos planetas como el tiempo comprendido entre dos conjunciones consecutivas de esos dos planetas funciona perfectamente bien en el sistema heliocéntrico, pero fracasa estrepitosamente en el sistema geocéntrico (salvo con las luminarias).
En el caso del ciclo Plutón – Neptuno, la última secuencia de conjunciones se dio entre 1891 y 1892 en las siguientes fechas y grados del zodiaco tropical:
2 de agosto de 1891, 16h 36m GMT, geocéntrica directa, a 8º 37′ de Géminis.
5 de noviembre de 1891, 22h 27m GMT, geocéntrica retrógrada, a 8º 18′ de Géminis.
29 de enero de 1892, 14h 13m GMT, heliocéntrica, a 8º 01′ de Géminis.
30 de abril de 1892, 15h 45m GMT, geocéntrica directa, a 7º 42′ de Géminis.
Estos son los días y horas en que la conjunción fue partil (exacta), pero en torno a estas fechas hay un dilatado periodo durante el cual la conjunción fue plática (dentro de orbe). La mayoría de los astrólogos que se interesan por la relación de los grandes ciclos de los planetas lentos con los acontecimientos históricos a gran escala tienden a ignorar las cartas de las conjunciones partiles y a concentrar su atención únicamente en las características más destacadas de los periodos abarcados por las conjunciones pláticas. Así, por ejemplo, Richard Tarnas extiende el periodo de actividad de la última conjunción Plutón-Neptuno desde 1880 hasta 1905, usando un orbe de 15 grados que otros astrólogos consideran exagerado. En el corazón de este periodo, entre 1892 y 1893, con la conjunción dentro de 1 grado de orbe, Dvorak compuso su sinfonía más emblemática y celebrada, conocida popularmente como Sinfonía del Nuevo Mundo. En ella podemos ver una manifestación artística de la irrupción de la energía plutoniana entreverada con la delicadeza extrema de las melodías neptunianas. Compuesta durante su estancia en los Estados Unidos, la sinfonía es un canto a América. No en vano, esa conjunción de Plutón con Neptuno se produjo en el mismo grado ocupado por Urano en la carta de la declaración de independencia de las colonias norteamericanas.
Durante los años de la conjunción plática tuvo lugar el descubrimiento del inconsciente en el contexto del nacimiento del psicoanálisis, que empezó a gestarse muy poco después de las conjunciones partiles, con los estudios de Freud y Breuer sobre la histeria y la incorporación terapéutica del método de la hipnosis. Ya en 1899-1900, Freud publica La interpretación de los sueños. No se trata de desentrañar mensajes proféticos ocultos en las imágenes oníricas, a la manera de la tradición judía en la que Freud fue educado -y de la que renegaría- sino de buscar las raíces del contenido de los sueños en los deseos más profundos, instintivos, primitivos e inconfesables atrincherados en el inconsciente del soñante. Se trata de atrapar a Plutón (las pulsiones sexuales y agresivas en su forma más primitiva y salvaje) en la delicada telaraña de los sueños de Neptuno.
Una imagen que expresa plásticamente esta constelación de arquetipos Plutón/Neptuno fue producida por Henri Rousseau en 1897. La bohémienne endormie (la gitana dormida) es un sorprendente óleo que muestra a un personaje netamente neptuniano a merced de las fuerzas primitivas plutonianas encarnadas en una fiera salvaje.
Neptuno es el mundo de los sueños, de la música, de los desamparados. Esta imagen es onírica en sí misma; pero, además, muestra a una gitana durmiente, abandonada a su suerte, desprotegida, que vaga por el mundo sin rumbo ni hogar, con los pies desnudos y acompañando su deambular con la música de su mandolina, que duerme junto a ella y que, aun dormida, parece conservar su poder de amansar a las fieras. "La fiera, aunque salvaje, duda si lanzarse sobre su víctima, profundamente dormida de cansancio" -escribió Henri Rousseau como subtítulo al pie de su lienzo.
Una de las transformaciones de mayor calado que experimentó el modo de vida del género humano a partir de la última serie de conjunciones de Plutón con Neptuno fue la objetivación y colectivización de los sueños a que dio lugar la aparición del cinematógrafo. Los hermanos Lumière presentaron su primera sesión de cinematógrafo en 1895, pero antes que ellos, en enero de 1894, Thomas Alba Edison había grabado una breve película. Y todavía antes, en el centro mismo del periodo, mientras se producía la secuencia de conjunciones partiles entre 1891 y 1892, Émile Reynaud generó las primeras películas de dibujos animados, entre las que destaca Pauvre Pierrot (terminada en 1891 y estrenada en 1892).
Imagen de Pauvre Pierrot
El cine, por una parte, es ilusión, engaño, fantasía, evasión de la realidad (la cara de Neptuno con mala prensa), pero también es una forma privilegiada de expresión y de creación artística, un medio de transmisión objetiva de la realidad histórica (documentales) con extraordinaria riqueza de detalles, una forma de higiene emocional (catarsis plutoniana), una forma segura de asomarse a lugares peligrosos, inaccesibles o prohibidos (los oscuros territorios plutonianos), un medio de manipulación de masas (Plutón-Neptuno) mediante mensajes subliminales o generación de modelos a imitar, y también una forma de potenciar la pasividad (Neptuno) de quien se limita a mirar desde su butaca.
La asociación de Plutón con Neptuno representa, pues, entre otras cosas, el poder de la imaginación y la fascinación de la imagen.
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