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Ya hemos visto en la entrada anterior cómo podemos utilizar los armónicos para obtener una imagen astrológica que represente un año cualquiera de nuestra vida, de la misma forma que siempre hemos hecho al mirar las revoluciones solares. Como es sabido, una revolución solar es una carta astral que se calcula para el momento dentro de cada año en que el Sol retorna a la misma posición zodiacal que tenía en una carta natal. Esto ocurre en cada cumpleaños y simbólicamente representa una especie de renacimiento. Pero como no somos sensibles a los cambios en las posiciones de los planetas únicamente en los días de nuestros cumpleaños, sino todo el tiempo, no miramos solamente las revoluciones solares, sino también los movimientos de los planetas en el zodíaco a lo largo de la totalidad de cada año, para poder establecer lo que se conoce como los tránsitos.

En realidad, una revolución solar no es nada más que un tránsito de conjunción del Sol a su propia posición radical, sólo que estudiado más a conciencia y mirando toda la carta de ese momento en su conjunto y ampliando su vigencia por todo un año. Algunos astrólogos tratan del mismo modo el tránsito de oposición del Sol a su propia posición radical, que tiene lugar a mitad de camino entre dos cumpleaños; levantan una carta para ese momento y la tratan como si fuera una revolución solar de la mitad de potencia y de periodo de vigencia (seis meses). Estos son los dos momentos más importantes dentro del ritmo anual de la vida de cada uno, de manera que la articulación entre revoluciones y tránsitos puede ser comparada, hasta cierto punto, con los movimientos de los pies de un caminante. El punto en que se asienta el pie de apoyo representa la configuración planetaria fijada en una revolución solar y el arco descrito por el otro pie en movimiento representa el movimiento continuo de los planetas.
¿Podemos trasladar este esquema a los armónicos de la edad, en cualquiera de sus formas? Puesto que tales armónicos se levantan para el mismo momento que las revoluciones solares y tienen el mismo periodo de vigencia ¿no deberían complementarse con otras posiciones armónicas en movimiento continuo a lo largo de todo el año, que jugasen el mismo papel que los tránsitos? En este punto se presenta un obstáculo que es más de tipo conceptual o de nomenclatura que de técnica. Hablando con propiedad, las cartas armónicas son solamente aquellas que se obtienen multiplicando las posiciones zodiacales natales de los planetas por números enteros (y manteniendo los resultados dentro del rango de los 360 grados). Así, por ejemplo, multiplicando por 10 las posiciones de una carta natal obtengo una carta armónica válida para el décimo año de vida de una persona (es decir, el que comienza en su noveno cumpleaños, en el sistema de armónicos de la edad + 1); pero ¿qué debo hacer para obtener, digamos, el equivalente armónico de los tránsitos para tres meses después de su noveno cumpleaños? Tres meses es la cuarta parte de un año, de modo que debería añadir la cuarta parte de la unidad al número de la carta armónica; debería, por tanto, multiplicar las posiciones natales por 10,25. Pero 10,25 no es un número entero; por tanto, no tengo ya derecho a llamar armónica a la carta resultante de este cálculo.
Poco importa cómo las llamemos, lo cierto es que este tipo de cartas parece que funcionan. Podríamos, quizás, referirnos a ellas como armónicos fraccionarios, transarmónicos, armónicos intermedios, armónicos continuos o cualquier otra expresión por el estilo; en ningún caso dejará de ser, en el fondo, una contradicción en los términos. Pero los programas que permiten calcular estas cartas (Astrolog, Solar Fire) las siguen llamando armónicos sin ningún matiz adicional. Así que creo que es mejor no perder el tiempo en discusiones terminológicas y aceptar el hecho de que ya están consagradas por el uso expresiones tales como "el armónico 16,327", que todo el que conoce el tema sabe lo que significan.
Más interesante que la pulcritud de las palabras es el debate acerca de qué es lo que registran exactamente los armónicos de la edad, ya sean enteros o fraccionarios. Que los armónicos puedan proyectarse en el tiempo de forma ordenada y continua (aunque pierdan, en este último caso el derecho al apellido) creo que demuestra que lo que revelan es la existencia de ciclos planetarios internos distintos para cada persona, ritmos constantes de una melodía interior que arranca con el nacimiento y se prolonga indefinidamente, constituyendo un verdadero universo personal, un microcosmos viviente y específico, que vibra, late y danza al son de sus propias cadencias microcósmicas.

El ciclo armónico de cualquier planeta se establece dividiendo 360 por su posición zodiacal en grados absolutos. Así, por ejemplo, si tenemos un planeta (no importa cuál) a 12 grados de Géminis, lo primero que haremos será expresar su posición contando los grados desde 0 de Aries en lugar de hacerlo desde 0 de Géminis. El planeta quedará entonces en el grado 72 del zodiaco, que es su posición en grados absolutos. Dividiendo 360 por 72 obtenemos 5, que es el valor del ciclo armónico de ese planeta. Esto quiere decir que el planeta empleará 5 armónicos en retornar a su posición original y si contamos los armónicos por años, entonces su ciclo armónico será de 5 años. Como su posición original es la del armónico 1, el primer retorno armónico del planeta tendrá lugar en el armónico 6 (1 + 5) y a partir de ahí de nuevo a intervalos de 5 armónicos: en el 11, 16, 21, 26, 31, etc.
El ciclo armónico de dos planetas se establece dividiendo 360 por el número de grados que separa sus posiciones zodiacales, medidas éstas en grados absolutos y restando siempre la menor de la mayor. El valor del ciclo armónico de dos planetas es también el del primer armónico en el que ambos planetas aparecen en conjunción exacta. La conjunción se reproducirá en todos los múltiplos de ese valor. Sumando 1 a cualquier armónico de la serie anterior (es decir, de aquellos que dejan a ambos planetas en conjunción) obtendremos un armónico en el que ambos planetas reproducen el mismo ángulo que formaban en la carta natal.
El valor del ciclo armónico de un planeta es el mismo que John E. Greig utilizaba para calcular lo que dio en llamar "el armónico planetario" de ese planeta (véase Astrología y armónicos planetarios.) Es decir, es el número del primer armónico que deja a ese planeta a 0 grados de Aries, por mucho que a Greig no le gustara que el planeta quedase siempre ahí y volviera a colocarlo en la posición de la carta natal. Cada uno tiene sus caprichos…
El valor del ciclo armónico de dos planetas es el mismo que James Williamson utilizaba para calcular lo que dio en llamar "la transformación del arco" de esos dos planetas. Es, como hemos dicho, el número del primer armónico que deja a ambos planetas en conjunción. Como es lógico, si calculásemos la transformación del arco entre un planeta dado y el punto vernal septentrional (es decir, el 0 de Aries) el resultado sería el "armónico planetario" de ese planeta. O, a la inversa, cualquier "armónico planetario" que calculemos nos dará también el valor de la transformación del arco entre ese planeta y el punto vernal. Digo esto para que se aprecie que la aportación de Greig no es, como dice Addey, "semejante a la de Williamson" sino simplemente un subconjunto de la de Williamson.
Tanto los "armónicos planetarios" como las "transformaciones de arcos" prestan atención únicamente al primer elemento que inaugura una serie cíclica potencialmente infinita. La transformación del arco de dos planetas en oposición exacta, por ejemplo, sería el armónico 2, porque en él ambos planetas estarán en conjunción. Pero también lo estarán en el armónico 4, en el 6, en el 8… y en todos los múltiplos de 2, que nada más era el primero de la serie. Ese ritmo de 2 armónicos es la cadencia microcósmica de dos planetas en oposición, pero también la de un planeta a 0º de Libra. En el caso del trígono, hay dos posibles transformaciones del arco; si la diferencia entre las posiciones absolutas de los dos planetas es de 120 grados, la cadencia microcósmica será de 3 armónicos, que será también la de un planeta a 0º de Leo; pero si la diferencia es de 240 grados el ritmo será de 1,5 armónicos, que será también el de un planeta a 0º de Sagitario. De manera semejante, podemos distinguir entre cuadraturas "tipo Cáncer", de ritmo 4, y "tipo Capricornio", de ritmo 1,33. Y así con todos los demás aspectos.
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